Nota final.
Terminar estas prácticas del octavo semestre me deja con una mezcla de emociones: un poco de nostalgia, pero sobre todo mucho agradecimiento. Siento que en este tiempo no solo crecí como futura maestra, sino también como persona. Cada clase, cada planeación, cada momento con mis alumnos fue una oportunidad para aprender, equivocarme, mejorar y, sobre todo, disfrutar lo que amo hacer. Me di cuenta de que enseñar va mucho más allá de solo transmitir conocimientos. Es escuchar, observar, conectar, acompañar, adaptarse y crear espacios donde los niños se sientan seguros, valorados y con ganas de aprender. Hubo días cansados, sí, pero también muchísimos momentos que me llenaron el corazón: cuando entendieron algo difícil, cuando se emocionaron con una actividad o cuando simplemente me dijeron “gracias, maestra”. Disfruté cada proyecto, desde los que hicimos sobre el agua, el sistema solar o las emociones, hasta los que invitaron a reflexionar sobre el respeto y la empatía. Ver a mis alumnos...